viernes, 4 de junio de 2021

Reconexión en justicia restaurativa


 INTRODUCCIÓN

Siempre he comentado que la Justicia Restaurativa, surgió por y para las víctimas, para superar el olvido de la Justicia Penal tradicional y para devolverlas el protagonismo que las corresponde, en un hecho que las afecta tan directamente como es el delito. Cierto es que si el delito es una violación de las relaciones de las personas que causa daños, toma prioridad, la atención a estos daños que sufren las personas afectadas: las víctimas. Sin embargo, también es cierto que suelo comentar que en un círculo de beneficios ayudando a las víctimas, se ayuda al infractor, pero quizá mi postura siempre ha tendido al apoyo de la víctima, sin duda esto no es malo pero no se puede olvidar al infractor. Porque el delito daña a la víctima, a la comunidad pero también afecta al infractor. Aún recuerdo que hace unos años, tuve  la oportunidad de visitar la cárcel de Palmasola y sin duda, sirvió para darme cuenta que la Justicia Restaurativa tiene que atender las necesidades del infractor para poder ayudarlo a reconectar con la comunidad. Esto no es justificar al infractor o minimizar el daño que ha causado con el delito, al contrario esto trata de atender sus necesidades como paso para recuperarlos como personas productivas. Además antes de comenzar el programa de justicia restaurativa dentro del centro penitenciario de Burgos estaba demasiado centrada en las víctimas, necesitaba trabajar con privados de libertad para entender el contexto y ver que todos somos seres humanos.

ES NECESARIA LA REINSERCIÓN O MÁS BIEN RECONEXIÓN

Tras ver en Palmasola hombres hacinados en un cubículo reducido, me di cuenta que hay que atender al infractor no encerrarlo y tirar la llave porque entonces, lo único que estamos haciendo es reafirmarlos como delincuentes, sin posibilidad de reinserción. ¿A qué me refiero? Visitando unos hombres encerrados como "animales" en un espacio tan reducido que casi daba claustrofobia mirar desde fuera, uno de ellos me dijo que no tuviera pena porque si estaban ahí era porque se lo merecían y debían ser castigados. Estos hombres tenían tan asumido su rol de infractor, sin posibilidad de reinserción, que se habían autoconvencido de que era justo y necesario que estuvieran ahí encerrados. Estaban perdiendo la poca humanidad que les quedaba, por eso solo pude decirles, que nunca olvidarán que son seres humanos, simplemente. Tengo claro que si nadie cree en ellos, al final no van a reinsertarse porque para ellos no hay sitio en la sociedad, y si cree que no son importantes para la comunidad ¿qué les queda? No intento justificar ni compadecer pero si apreciar que es necesario dar una oportunidad o varias, porque el ser humano es capaz de tropezar varias veces en la misma piedra pero todo ser humano merece la oportunidad de cambiar.

Esto es una muestra clara de que la Justicia Restaurativa es necesaria y urgente también para infractores, si les convencemos que no tienen más futuro que llevar la losa de delincuente, les hacemos perder las ganas de cambiar ¿Cómo podemos reintegrarlos de nuevo en la comunidad? ¿Cómo vamos a poder sentirnos seguros sabiendo que tenemos infractores que jamás se van a reintegrar de nuevo en la sociedad como persona productiva? Claramente todos salimos perjudicados porque además de no ayudar a un ser humano a recuperar su humanidad pérdida, nos ponemos en peligro evidente de ser sus futuras potenciales víctimas. Por eso, la Justicia Restaurativa también aborda las necesidades del infractor precisamente para que deje de pensar que solo se le mira por el delito cometido, y pueda ver que tendrá una oportunidad de ser mirado por lo bueno que haga desde este momento en adelante.

NECESIDADES DE LOS OFENSORES

 Estas necesidades obviamente son la de asunción del daño causado para hacerlos frente , alentando su empatía y la transformación de la vergüenza, también se les debe animar a la transformación personal incluyendo la curación de los posibles daños que les puede haber llevado a delinquir, se debe ofrecer una oportunidad para tratar sus adicciones y problemas alentando sus habilidades personales, y obviamente se les debe estimular para su reconexión con la comunidad. Realmente creo que hay que ayudarlos porque además también nos ayudamos nosotros mismos, sin duda, es más interesante para la sociedad que todos sus miembros puedan vivir en el grupo de forma constructiva, que tener sujetos aislados de la comunidad. La justicia restaurativa los ayuda a reinventarse como personas, a descubrir que son seres humanos por encima de todas las cosas.

CONCLUSIÓN

Los procesos restaurativos deberían formar parte de todo tratamiento para los presos y así favorecer su mejor vuelta a la sociedad, pero dejando claro que ni la justicia restaurativa es terapia ni dar un curso o taller a internos sobre que es justicia restaurativa los va a ayudar a este proceso de cambio, se necesitan programas como tal y , también sería importante trabajar con la comunidad, ¿estamos preparados para asumir que los presos pueden salir reinsertados y que debemos dejar de guiarnos por los estereotipos de delincuente, no reinsertado? Complicada pregunta

1 comentario:

  1. “Siempre he comentado que la Justicia Restaurativa, surgió por y para las víctimas, para superar el olvido de la Justicia Penal tradicional y para devolverlas el protagonismo que las corresponde, en un hecho que las afecta tan directamente como es el delito”.
    El protagonismo que les corresponde las víctimas es trodo un tema.
    Personalmente, creo que debería limitarse a exigir ser reparadas - la reparación puede hacerla el mismo ofensor (sería ideal) o el Estado - y a estar protegidas de una eventual revictimización en el futuro.
    Claro que comprender por qué se sufrió el daño y qué se hará para estar protegida en el futuro es importante, pero no creo que sea pertinente que la víctima se pronuncie sobre la pena que le corresponde al ofensor, sino sólo sobre qué recibirá ella de indemnización o de otro tipo de acción reparatoria.
    Pronunciarse sobre la pena que recibirá el ofensor es tarea de la Justicia. Prevenir nuevos delitos y aliviar el sufrimiento de las víctimas es su deber. Que las víctimas den su opinión sobre cómo hacer esto no está de más, pero esa opinión debería valer igual que la de cualquier ciudadano preocupado por la seguridad. Es más, quizás las víctimas sean las menos indicadas para opinar sobre la pena que le corresponde al ofensor en su propio caso, porque pueden estar imbuidas de resentimiento y con deseos de venganza.
    Eso sí, deberían opinar sobre cómo estar ellas seguras con respecto a su eventual revictimización, pero no opinar, con ventaja desde lo que les pasó a ellas, sobre lo que a otros les podría pasar.
    Darle protagonismo en la determinación de la severidad de la pena, las pone en un aprieto, porque, si bien conseguir que se pruebe el delito es importante para poder ser reparadas, perseguir condenas severas puede tener como consecuencia que no las consigan, con lo cual se frustrarán, o conseguirlas, con lo cual se sentirán que devolvieron el mal que recibieron y esto las pone en igualdad con quien las dañó.

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