lunes, 28 de junio de 2021

La justicia restaurativa es más legítima

 INTRODUCCIÓN

La justicia restaurativa es mejor aceptada por las personas afectadas por el delito porque es más legítima a los ojos tanto de víctima como ofensor. 

Reflexionando con los participantes del programa reconexión sobre si cambiarían algo de su juicio, del sistema penal o de los jueces, afirman todos que no cambiarían nada sobre su juicio porque asumen lo que hicieron.

Lo único pedirían más humanización que los jueces estén en contacto con asociaciones que trabajan con personas con adiciones, con gente con problemas de todo tipo para que se den cuenta que nadie se levanta diciendo me voy a  hacer un "delincuente". Y ahí está uno de los esfuerzos del programa, que se vean como personas que cometieron un delito, no como delincuentes, a partir de ahí se puede trabajar su plan de reparación del daño y la reconexión pero si no parten de un respeto hacia ellos mismos nada se puede hacer. Aunque de momento está incompresiblemente cancelado seguimos trabajando con los que salen fuera con círculos de apoyo y con los de dentro a través de cartas. Si no se puede ser totalmente restaurativa al menos seguimos con nuestra misión de apoyo.

JUSTICIA RESTAURATIVA VISTO POR LOS OJOS DE UN INTERNO

En la imagen a continuación podréis ver una comparativa de ambas justicias que ha hecho uno de los participantes, aquí se ve cuanto te superan en conocimientos sobre justicia restaurativa porque para ellos no es algo teórico algo que están viviendo y que están aprendiendo a reconocer como una justicia más legitima, no justifica sus delitos pero les da la oportunidad de cambiar.



1 comentario:

  1. “Y ahí está uno de los esfuerzos del programa, que se vean como personas que cometieron un delito, no como delincuentes …”
    Cuando con la justicia actual, bien retributiva y decididamente punitiva, se encarcela a alguien que cometió un delito, irremediablemente se lo convierte en un delincuente.
    Uno diría que no, que fue el delito el que lo convirtió en tal.
    Pero el delito no es lo definitivo. Lo definitivo es la etiqueta que se pega, que presume que el que la tiene seguirá cometiendo delitos.
    No es carpintero el que trabajó la madera, sino el que la seguirá trabajando.
    Quien ya no la trabajará de ahora en más no es un carpintero, sino, en todo caso, un ex-carpintero.
    Así, el que cometió un delito puede ser un ex-delincuente, pero no necesariamente deberá seguir siendo un delincuente.
    Puede estar dispuesto no sólo a no delinquir (giro de 90 grados) sino hasta también a ser una persona muy honorable, solidaria y excelente en todo sentido (verdadera conversión copernicana o giro de 180 grados, que sería lo ideal porque es casi siempre mucho más duradera y estable que el mero giro de 90), pero la cárcel lo convierte en delincuente al etiquetarlo así.
    Que acepte o no acepte la etiqueta dependerá de él, pero es muy difícil no aceptarla si día tras día recibe el mensaje repetido de que está encerrado porque es un delincuente, que se merece ese castigo tremendo y absurdo al mismo tiempo y que nadie le reclama que repare nada concretamente, sino sólo que sufra para equilibrar el sufrimiento que su acción causó.
    Que la justicia restaurativa quiera revertir este etiquetamiento es maravilloso. Pero, ¡cuán difícil es tener éxito en ello si la política de encarcelar le juega tan frontalmente en contra!
    ¿Por qué, entonces, no se prioriza, desde este noble movimiento, un esfuerzo enorme para lograr la sustitución del encarcelamiento por penas restaurativas a cumplir bajo estricta vigilancia, pero fuera de las prisiones, que no sólo son inhumanas por su crueldad sino que , con su etiquetamiento irremediable, incentiva fuertemente a continuar en la delincuencia?

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