viernes, 25 de junio de 2021

Gestión del delito de forma restaurativa

 


(imagen propiedad de Virginia Domingo según principios de justicia restaurativa de Howard Zehr)

Sin duda, los procesos restaurativos tratan con emociones, y sentimientos de una manera más intensa, porque sufrir un delito o ser el que lo ha cometido, conlleva una serie de consecuencias emocionales y psicológicas, no solo para los directamente implicados sino también para el entorno de ambos. El lazo invisible del delito une a víctimas e infractores de una manera irremediable por eso la Justicia Restaurativa aborda no solo el crimen en si mismo sino el impacto que éste ha tenido tanto en los afectados como en las personas que les rodean. De ahí, que sus objetivos esenciales (Dan Van Ness)  sean de muy diferente índole pero todos dirigidos a transformar las relaciones entre los miembros de la comunidad, entre éstos y el estado e incluso entre el estado y la comunidad:

1. Invitar a la completa participación y al consenso

2. Sanar lo que ha sido roto

3. Buscar completa y directa responsabilidad

4. Reunir lo que ha sido dividido

5. Fortalecer a la comunidad para prevenir daños mayores.

6. Buscar el esfuerzo cooperativo de la comunidad y del estado

7. Buscar la reintegración de la víctima y el ofensor en la comunidad

1 comentario:

  1. “Sanar lo que ha sido roto. Buscar completa y directa responsabilidad. Reunir lo que ha sido dividido. Fortalecer a la comunidad para prevenir daños mayores… Buscar la reintegración de la víctima y el ofensor en la comunidad”.
    Son todos propósitos inobjetables.
    Desgraciadamente, la pena privativa de la libertad de los ofensores, que es hoy la primera y casi única respuesta al delito, al menos al delito grave, tiene propósitos diametralmente opuestos.
    No sana lo que se ha roto, sino que sigue rompiendo para compensar. No promueve la toma de responsabilidad del ofensor, sino que la evita, al denigrarlo y resentirlo. No reúne lo que se ha dividido, sino que profundiza la división, al separar al ofensor de la sociedad. No fortalece a la comunidad para prevenir mayores daños, sino que, al amontonar a los ofensores en un lugar donde la delincuencia crece y prolifera, deja a la sociedad más débil y más expuesta a ser atacada… No busca la reintegración a a la comunidad de la víctima y mucho menos la del ofensor, sino que a la primera la deja con las manos vacías y al segundo lo margina, generalmente, de por vida.
    Siempre que volvemos a este tema, es cada vez más obvio que el mayor enemigo de la justicia restaurativa es esta pena absurda, hoy obsoleta y desde siempre contraproducente para combatir la delincuencia.
    Es hora de que los movimientos restaurativos acepten esta evidencia y apunten prioritariamente todos sus esfuerzos hacia la sustitución de esta pena por penas realmente restaurativas y que excluyan al encierro.

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