miércoles, 2 de junio de 2021

El castigo no repara ni responsabiliza


LA PENA PRIVATIVA DE LIBERTAD COMO CASTIGO POR EL DELITO

Cuando pensamos que un infractor merece ir a prisión, en nuestra mente concebimos este lugar como un sitio terrible, donde el hecho de ir allí es en sí mismo un castigo. Incluso por la mente de muchos de nosotros, pasan imágenes como “mazmorra” para los infractores que más reproche y alarma social causan, en un intento, por otro lado lógico y humano, de apaciguar o mitigar el dolor y la indignación que la delincuencia crea no solo en las víctimas sino también en la sociedad.

Tampoco podemos negar que muchos pensamos ante delitos muy graves y terribles que estos criminales merecen la muerte y además si alguien hiciera algo malo a nuestros seres queridos ¿Quién no ha pensado o ha dicho alguna vez que lo mataría con “mis propias manos”?. Pero está claro que si la vida nos pusiera en este dilema,  pocos nos atreveríamos a atravesar este umbral y ponernos al mismo nivel que los infractores. Estos sentimientos de ira, impunidad, de que sale “barato” delinquir es porque realmente no encontramos ninguna otra forma de canalizar estos sentimientos, ni nadie nos ayuda a transformar los sentimientos negativos por otro lado normales en todos los seres humanos,  en otros constructivos y que sirvan para “curar” nuestra herida de la indignación  y la rabia

Sin embargo, hay algo que cuando hablamos de infractores y delitos nunca tenemos en cuenta. ¿Por qué siempre nos centramos en cuánto castigo merece el infractor? Lo realmente importante son las personas que han sufrido el delito, las víctimas pero siempre nos olvidamos de ellas. También nos olvidamos del por qué delito, estoy convencida que muchos delitos tienen un por qué y acudir al origen nos hará entender el contexto del infractor ( y sin justificar el delito) ayudar a evitar la reincidencia.

JUSTICIA RESTAURATIVA Y VÍCTIMAS

La Justicia Restaurativa da la oportunidad a las víctimas para que pasen de la hostilidad a la reconciliación,( atendiendo sus necesidades, escuchándolas y valorándola y abordando el quebrantamiento que el delito ha producido en sus lazos con la comunidad y con los suyos) estos sentimientos aunque parezcan antagónicos son diferentes paradas en un mismo camino hacia la restauración de éstas, además al atender de esta forma a las víctimas se evita  que se generen en ellas más hostilidad, más violencia y un aumento de los ánimos de venganza. La reconciliación (puede o no ser entre víctima e infractor) pero realmente la más importante debe ser la reconciliación consigo misma, con su familia y con su entorno. 

Solo así podremos recuperar a las víctimas y en muchas ocasiones a los infractores como dos ciudadanos nuevos.

JUSTICIA RESTAURATIVA como JUSTICIA DE LA COMUNIDAD

¿Y cuáles son los beneficios para la gente normal y corriente (para los ciudadanos)?

Muchas víctimas experimentan sensación de aislamiento, incomprensión y necesitan información que no reciben. Con la Justicia Restaurativa pueden obtener reparación del daño, recuperar el control de su vida  y conseguir el cierre a las heridas que el delito la ha causado. Pone rostro al infractor, va a obtener respuestas a muchas de sus preguntas y va a ser escuchada. Van a sentir cierta liberación  y van a tener una forma de canalizar su ira y sentimientos negativos para poder superar el trauma del delito.

Los infractores van a recibir una oportunidad y si quieren cambiar se les va a ayudar eso sí, van a ser activos, no se limitarán a recibir el castigo que la ley prevé sino que si aceptan su responsabilidad van a reparar o mitigar el daño como una forma de mostrar su arrepentimiento. Ven a la víctima como una persona y no como un objeto aleatorio.

La comunidad también se involucra en el proceso y en promover una seguridad comunitaria. Será una sociedad más madura y responsable. Se genera un sentimiento de solidaridad y empatía hacia los que sufren el delito y como todo el mundo merece una segunda oportunidad, el infractor la va a tener y si quiere cambiar será apoyado

1 comentario:

  1. “¿Por qué siempre nos centramos en cuánto castigo merece el infractor? Lo realmente importante son las personas que han sufrido el delito, las víctimas, pero siempre nos olvidamos de ellas”.
    Es verdad.
    Cuando se sustituya la idea de castigo por reparación, desaparezca la sórdida habitualidad de encerrar a los infractores de la ley y se sustituya por la aplicación de penas restaurativas en libertad vigilada se verá un panorama diferente.
    Los infractores pagarán literalmente por el daño que han provocado, pero no con sufrimiento pasivo e improductivo, sino con tareas o prestación de servicios reparativos o de utilidad comunitaria. Y las víctimas serán aliviadas con una reparación proveniente de ello.
    Es algo que llegará, tarde o temprano, pero está en nosotros intentar que llegue cuanto antes.
    Si bien esto también parece ser castigo, no lo es, en la aceptación que podemos darle a este término, siguiendo las enseñanzas del criminólogo y sacerdote jesuita español, Antonio Beristain, quien recomendaba siempre usar el término «castigo» sólo para la pena que perdigue única o, al menos, primordialmente, dañar o afligir al sujeto que la recibe.
    La pena de prisión entra dentro de esta categoría.
    Denunciar esta modalidad de responder al delito como algo denigrante, estigmatizante y reproductora del delito debería ser un propósito importantísimo, o hasta el primero, para todo movimiento restaurativo.
    Este artículo, al hablar del castigo y sostener que no debe ser prioritario, se acerca a ello, pero debería, a mi entender, ser más contundente.

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