INTRODUCCIÓN
Aunque con frecuencia se presenta la Justicia Restaurativa como la alternativa a la Justicia Retributiva, ambas tienen algo importante en común: parten de emociones y necesidades humanas vinculadas a la experiencia de la injusticia. La diferencia está, en buena medida, en cómo cada modelo canaliza esas emociones y responde al daño causado. Leyendo a Howard Zehr, resulta especialmente interesante reflexionar sobre la relación entre venganza y Justicia Restaurativa. La retribución, la venganza y el perdón parecen responder a un sentido humano básico de equidad, equilibrio y reciprocidad. Cuando se produce un daño, aparece la necesidad de que ese desequilibrio sea reconocido y, de alguna manera, compensado.
McCullough sostiene que estos tres mecanismos han desempeñado un papel relevante a lo largo de la historia humana y que incluso han contribuido a favorecer la cooperación. Atwood, por ejemplo, relaciona el instinto de venganza con la lógica de débito y crédito que hace posible nuestra economía: cuando existe una deuda, esperamos que sea satisfecha.
La retribución intenta restablecer el equilibrio mediante una respuesta que guarda cierta proporcionalidad con el daño. El conocido principio del «ojo por ojo» constituye un ejemplo de esta lógica.La venganza, sin embargo, puede ir más allá de la proporcionalidad. No pretende únicamente equilibrar, sino devolver el daño recibido. La llamada «Ley de Lamec», recogida en el Génesis, representa precisamente esta escalada de la respuesta frente al daño.
El perdón, por su parte, responde a una lógica diferente. McCullough señala que históricamente parece ser más frecuente entre personas que se conocen y se preocupan unas por otras, mientras que la venganza puede dirigirse con mayor facilidad hacia quienes percibimos como alejados o diferentes.Pero ¿qué ocurre cuando las necesidades de las personas afectadas por el daño no son atendidas?
VENGANZA, RETRIBUCIÓN Y PERDÓN
Cuando las personas perciben que se hará justicia y que el daño será reconocido, disminuye la necesidad de tomarse la justicia por su mano. Saber que existe una respuesta frente a la injusticia permite recuperar, al menos parcialmente, la sensación de equilibrio.
Esto nos dice algo fundamental sobre la justicia: cuando se produce un daño necesitamos una respuesta que reconozca que ese daño ha ocurrido y que permita afrontar el desequilibrio generado.En la Justicia Retributiva, ese equilibrio se busca mediante una respuesta que implique un coste para quien ha cometido el delito. La responsabilidad se expresa, fundamentalmente, a través del castigo.Pero ¿es suficiente con castigar?
McCullough cuestiona la tendencia a considerar la venganza como algo negativo y el perdón como algo necesariamente positivo. Pedir a una persona que ha sufrido un daño que simplemente «perdone» puede resultar tan inadecuado como pedirle que deje de sentir rabia.Las emociones no desaparecen porque les digamos a las personas cómo deberían sentirse.La seguridad, la justicia y el reconocimiento del daño son condiciones que pueden facilitar que una persona pueda abandonar progresivamente la lógica de la venganza y, si así lo desea, acercarse al perdón.Y aquí encontramos una de las grandes aportaciones de la Justicia Restaurativa.
LA JUSTICIA RESTAURATIVA COMO ALTERNATIVA A LA LÓGICA DE LA VENGANZA
La Justicia Restaurativa parte de las necesidades de las personas afectadas, de las obligaciones que surgen después del daño y de la participación activa de quienes tienen algo que aportar a su reparación.La persona ofensora no se limita a recibir un castigo. Se le invita a comprender el daño causado, asumir responsabilidad y, cuando sea posible, contribuir a repararlo.La víctima, por su parte, puede recuperar voz, protagonismo y capacidad para expresar qué necesita para afrontar lo ocurrido.
Cuando estas necesidades son atendidas y las personas afectadas participan en la construcción de la respuesta, la necesidad de venganza puede perder fuerza. No porque se haya obligado a nadie a perdonar, sino porque la respuesta de justicia puede hacer innecesaria la búsqueda de una compensación mediante nuevos daños.Esto es precisamente lo interesante: la Justicia Restaurativa no pretende eliminar la rabia, la indignación o incluso el deseo de venganza. Pretende ofrecer una respuesta al daño que permita canalizar estas emociones de una manera que no genere nuevos daños.Y el perdón, ¿dónde queda?
Es importante insistir en una cuestión que a menudo se confunde: el perdón no es un objetivo de la Justicia Restaurativa.Una víctima no tiene ninguna obligación de perdonar. Tampoco tiene que reconciliarse con quien le causó daño. El perdón, cuando aparece, pertenece al ámbito personal de quien lo experimenta. Además, el perdón es un proceso, no un estado, y solo puede tener valor cuando es libremente elegido. Nunca debería convertirse en una exigencia dentro de un proceso restaurativo.
De hecho, puede existir un proceso restaurativo profundamente satisfactorio sin que exista perdón.Lo verdaderamente importante es que las personas puedan encontrar una respuesta justa al daño sufrido, recuperar seguridad, obtener respuestas, expresar aquello que necesitan expresar y, cuando sea posible, contribuir a reparar las consecuencias del delito.Si después de todo ello una persona decide perdonar, será una consecuencia personal de su propio proceso, no una finalidad impuesta desde fuera.
CONCLUSIÓN
Quizá la verdadera cuestión no sea preguntarnos si las personas tienen derecho a sentir deseos de venganza, sino qué hacemos como sociedad con esa emoción cuando alguien ha sido injustamente dañado.La Justicia Retributiva responde fundamentalmente mediante el castigo. La Justicia Restaurativa propone otra vía: reconocer el daño, atender las necesidades, asumir responsabilidades y buscar formas de reparación.
No se trata de sustituir la rabia por un perdón obligatorio. Se trata de conseguir que una persona que ha sufrido un daño pueda recuperar el control sobre su propia historia y decidir qué necesita para avanzar.La Justicia Restaurativa no exige perdonar. Ofrece condiciones para que la venganza deje de ser necesaria.Y esa puede ser una de sus mayores aportaciones: transformar la energía que nace de la injusticia en responsabilidad, reparación y, cuando libremente pueda surgir, también en perdón.

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