INTRODUCCIÓN
Suele entenderse la justicia restaurativa como fórmula para mitigar o aminorar el daño que se ha generado, sin embargo, muchas veces nos olvidamos del aspecto preventivo de la justicia restaurativa tal y como la concibió Howard Zehr. Para aspirar a una justicia restaurativa que también sea preventiva debemos pensar en la importancia de entender el origen de los delitos, y en general de las conductas violentas. Además yendo un poco más allá deberíamos fomentar los programas restaurativos en la comunidad.
En muchos países nos hemos limitado a pensar que la justicia restaurativa es necesaria para víctimas y persona ofensora, rara vez se nos ocurre que las personas cercanas a ambos también son afectados por el daño que se ha producido o causado. Y mucho menos tenemos el pensamiento de que la comunidad en general puede estar afectada por algo que daña a nivel interpersonal pero cuyos efectos se extienden a nivel grupal.
Y sin embargo, así es, somos seres relacionales, desde que nacemos vivimos en grupo: familia, amigos, escuela, trabajo y estamos conectados. Por eso, es importante entender que la comunidad especialmente la más cercana al lugar donde ha sucedido el delito o la acción violenta es también afectada por el daño que ha afectado a varios de sus miembros
