La justicia restaurativa nos invita a mirar el daño desde una perspectiva profundamente humana. Dar voz al silencio significa reconocer a quienes han sido invisibilizados, escuchar sus historias sin juzgar y validar su dolor. Allí donde el sufrimiento fue ignorado o negado, la palabra se convierte en un primer acto de reparación.
Transformar el dolor en esperanza no implica olvidar lo ocurrido, sino afrontarlo con responsabilidad y compromiso. La justicia restaurativa propone un camino en el que el daño es reconocido, las personas afectadas recuperan su dignidad y se abren posibilidades reales de sanación. En este proceso, la escucha sincera tiene el poder de aliviar, reconstruir vínculos y devolver sentido a lo que parecía roto.
Esta forma de justicia nos recuerda que el verdadero cambio no nace del castigo, sino del encuentro, del diálogo y de la voluntad de reparar. Cuando el silencio es escuchado y el dolor es acogido, la esperanza deja de ser una promesa lejana y se convierte en una experiencia posible.

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