lunes, 5 de enero de 2026

Restaurar para volver a pertenecer


 (imagen propiedad de Virginia Domingo, inspirada en Howard Zehr)

Tanto para las víctimas como para las personas que han causado el daño, la Justicia Restaurativa favorece el tránsito del desorden al orden, de la falta de empoderamiento al empoderamiento y del aislamiento a la reconexión. Ambas partes necesitan volver a sentirse parte de la sociedad, reconectar con los demás y experimentar que siguen siendo valiosas e importantes para el grupo.

La Justicia Restaurativa contribuye a reequilibrar las consecuencias del delito y a desmontar etiquetas rígidas y estigmatizantes, como la de “víctima de por vida” o la de “delincuente sin posibilidad de reinserción”. Frente a estas identidades cerradas, propone procesos que permiten resignificar lo ocurrido y abrir espacios para la responsabilidad, la reparación y la transformación personal.

En este sentido, es necesario que las personas puedan sanar. Como señala Aurora Levins Morales, «la recuperación del trauma requiere crear y contar otra historia sobre la experiencia de la violencia y sobre la naturaleza de quienes participan en ella, una historia lo suficientemente poderosa como para restaurar un sentido de nuestra propia humanidad a quienes han sido dañados» (False Memories: Trauma and Liberation).

En definitiva, apostar por la Justicia Restaurativa supone reconocer que el delito rompe vínculos, identidades y equilibrios, y que su abordaje no puede limitarse a una respuesta punitiva ni a categorías jurídicas cerradas. Solo desde una mirada que tenga en cuenta el impacto real del daño, los tiempos emocionales y la necesidad de reconstruir sentido y pertenencia, será posible favorecer procesos de reparación auténticos. Procesos que permitan a las personas dejar de estar definidas por el hecho sufrido o cometido y recuperar su lugar en la comunidad, desde la responsabilidad, la dignidad y la humanidad compartida.

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