Mis deseos de este 2026:
Que Melchor nos traiga oídos
no para escuchar sentencias,
sino para acoger historias
Que nos enseñe a sentarnos frente al daño
sin armaduras,
y a reconocer que toda herida
tiene una historia antes del golpe.
Que Gaspar nos regale tiempo
el tiempo que no concede el castigo,
el tiempo lento de la palabra
y el silencio compartido.
Porque sanar no es borrar el pasado,
es mirarlo de frente
y decidir no repetirlo.
Que Baltasar nos ofrezca valentía
la de asumir responsabilidades
sin humillación,
la de pedir perdón sin excusas,
la de reparar sin esperar aplausos.
Valentía para entender
que hacerse cargo del daño
es el primer acto de justicia verdadera.
Que los Reyes nos traigan conexiones
donde antes hubo muros,
círculos donde hubo jerarquías,
rostros donde solo veíamos expedientes.
Que el otro deje de ser enemigo
y vuelva a ser persona.
Pido justicia que sane
no que arrase,
que no gane venciendo
sino reconstruyendo.
Una justicia que no pregunte solo
“¿qué ley se ha vulnerado?”,
sino también
“¿quién fue herido
y qué necesita para sanar?”
Y si queda un último regalo
que sea la esperanza
de que incluso tras el daño
es posible volver a tejer comunidad.
Porque la justicia restaurativa
no promete finales perfectos,
pero sí caminos
donde nadie queda descartado.
PD. Pido volver a creer en unicornios, más amor y menos odio, y ya de paso más utopia realista para este mundo imperfecto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario