INTRODUCCIÓN
En los últimos años parece que todo el mundo habla de justicia restaurativa. Sin embargo, cuanto más se utiliza el término, más dudas me surgen sobre si realmente se está haciendo justicia restaurativa o simplemente se está utilizando una etiqueta que hoy resulta atractiva.
Lo primero que debería hacer cualquier persona que quiera facilitar procesos restaurativos es formarse en justicia restaurativa. Y esto significa estudiar justicia restaurativa. No mediación, no comunicación no violenta, no terapia sistémica. Todas estas disciplinas pueden aportar herramientas valiosas, pero ninguna sustituye la formación específica que requiere esta forma de entender la justicia.
El problema no es únicamente la escasa oferta formativa especializada que existe en España. Lo preocupante es que algunas personas comienzan a desarrollar programas restaurativos sin conocer realmente sus principios ni sus metodologías. Y cuando esto ocurre, quienes terminan perjudicados son las víctimas, las personas ofensores y la propia credibilidad de la justicia restaurativa.
UN CURSO NO ES UN PROGRAMA DE JUSTICIA RESTAURATIVA
Existe otra confusión frecuente: llamar "programa restaurativo" a lo que en realidad es un curso o taller.
Un proceso restaurativo no consiste en reunir a un grupo de personas para impartirles contenidos teóricos mientras toman apuntes. Eso puede ser formación, pero no justicia restaurativa. Los programas restaurativos generan espacios de diálogo, confianza y responsabilidad. Utilizan metodologías concretas —encuentros víctima-ofensor, conferencias o círculos restaurativos— que permiten que las personas reflexionen sobre el daño causado y sobre cómo pueden contribuir a repararlo. La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente el sentido de la intervención.
LA IMPORTANCIA DE LAS REUNIONES PREPARATORIAS
Las reuniones preparatorias son probablemente la fase más importante de cualquier proceso restaurativo.
Su objetivo no es recopilar información para rellenar un informe, sino construir una relación de confianza que permita a la persona reflexionar sobre su historia, el daño causado y las consecuencias de sus actos.Por eso me sorprende comprobar que todavía existen programas donde se comienza entregando cuestionarios heredados de antiguos modelos de mediación, con preguntas tan discutibles como "¿Por qué delinquiste?". En justicia restaurativa las respuestas importantes rara vez aparecen porque alguien las pregunta directamente. Aparecen cuando la persona encuentra un espacio seguro donde puede hablar sin sentirse juzgada.
No se trata de interrogar.Se trata de acompañar.
SENTARSE EN CIRCULO NO SIGNIFICA QUE ESTÁS HACIENDO UN CÍRCULO
También conviene aclarar otro malentendido.Colocar varias sillas formando un círculo no convierte automáticamente una actividad en un círculo restaurativo.Los círculos restaurativos tienen una metodología muy cuidada, basada en la escucha, la igualdad entre participantes, el respeto a los silencios y la construcción de confianza. El objeto de la palabra, el ritmo del diálogo o las preguntas utilizadas no son elementos decorativos; forman parte del proceso.
La metodología importa porque condiciona los resultados.
CUANDO LA POLÍTICA ENTRA EN LA JUSTICIA RESTAURATIVA
Otro riesgo aparece cuando la justicia restaurativa se utiliza más como un instrumento de imagen que como un verdadero servicio para las víctimas y la sociedad.
En ocasiones parece importar más anunciar que existe un programa restaurativo que garantizar que ese programa respeta los principios restaurativos y está dirigido por profesionales suficientemente formados.La justicia restaurativa necesita menos titulares y más rigor.Necesita formación, supervisión y ética profesional Porque no todo vale simplemente por llamarse restaurativo.
CONCLUSIÓN
La justicia restaurativa no es una moda ni una metodología que pueda aprenderse en un curso de fin de semana. Es una forma diferente de entender la justicia que exige formación específica, experiencia, supervisión y, sobre todo, una profunda responsabilidad ética.
Quienes trabajamos en este ámbito tenemos la obligación de ser exigentes, no por corporativismo, sino porque detrás de cada proceso hay víctimas, personas ofensores y comunidades que merecen intervenciones de calidad. La justicia restaurativa no se demuestra diciendo que se hace. Se demuestra haciéndola bien.

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